La Biblioteca V: Machuca en un mundo extraño

Machuca devenido en explorador, descubre una extraña construcción en el horizonte.

Lejos de todo, el aspirante a bibliotecario deberá emprender un viaje incierto para intentar regresar a su mundo y reencontrarse con su compañero, Pampero.

La biblioteca capitulo 5

Machuca se sintió despellejado al comprender que Pampero había desaparecido con el último destello. Se desplomó en el suelo, donde la cruda realidad lo engullía, arrancándole las pocas alegrías que le quedaban.

Sentado sin pensar, miró el pedregullo bajo sus pies. El paso del tiempo se materializó en las sombras que se alargaban. El pitido del cronómetro dentro del auto lo sacó de su estupor. No se molestó en detenerlo. Sabía que estaba enterrado bajo una montaña de libros, revistas y novelas. Todo lo que quedaba de su pequeño auto eran las vísceras de su biblioteca desperdigadas como restos de un naufragio.

Un nuevo destello estaba por llegar. Machuca giró la mirada hacia el Eternauta en una portada cercana y supo que tomaba el camino correcto. Cerró los ojos y esperó.

En la oscuridad, una picazón en la nariz fue el primer cambio que notó. Luego, el frío. Finalmente, dejó de sentir el suelo bajo sus pies. Abrió los ojos y vio que caía. La velocidad le arrancaba el aire de los pulmones y convertía el viento en un rugido ensordecedor.

Mientras caía, su voz cambió. Sonaba más grave, casi metálica. El paisaje apareció detrás de una veladura violácea. De pronto, su caída desaceleró. Una corriente aérea lo arrastraba hacia adelante. Meses después, sabría que esto era un «río púrpura», una línea de gas denso que cruzaba los cielos de este mundo. Por ahora, solo sabía que debía usarlo para sobrevivir.

Se posicionó sobre lo que parecía ser un lago. Con los brazos extendidos, avanzó diagonalmente, aunque seguía descendiendo. Finalmente, perdió el sustento y cayó.

El impacto contra el agua fue brutal. Machuca abrazó sus rodillas y hundió la cabeza entre los hombros. El choque aplastó sus órganos internos, y por un momento perdió el conocimiento.

Cuando reapareció, trepó a la orilla con manos torpes. Tenía los ojos inyectados en sangre, la nariz y la boca sangrando, y un dolor que lo acompañaría durante semanas.

Evitaba pensar en qué le estaría pasando a Pampero. Lo había perdido frente a sus ojos, y cada pensamiento lo torturaba. ¿Estarían juntos si no hubieran salido del auto? ¿Y si se hubieran quedado en aquel pueblo?

Caminaba a paso lento, subiendo a las rocas para ver más lejos. En la quinta roca, divisó algo: una torre en el horizonte. Bajó emocionado, pero cuando llegó a la planicie, la torre había desaparecido. Subió de nuevo. Ahí estaba. Repitió este proceso varias veces hasta aceptar la naturaleza esquiva de este mundo. Aquella construcción solo estaba en su camino partiendo desde lo alto de la quinta roca.

Decidió avanzar en línea recta desde ese punto. Con cuidado, bajó por el lado más escarpado de la roca, asegurándose de no perder de vista la torre.

Machuca caminaba hacia lo único que encontró como evidencia de una mano intencionada. Sobre su cabeza, los ríos púrpura lo acechaban como hilos desordenados en una lata de galletitas. El sol permanecía alto en el cielo, indiferente al paso del tiempo.

—La torre —murmuró—. Tengo que llegar ahí.

Era un mantra que ocultaba su desesperación.

La biblioteca del fin de mundo

Conocé más de las aventuras de Machuca y Mahapu. Juntos van a explorar un mundo en crisis al borde de la extinción.

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