
En un laboratorio muy singular,
nació la novia de un monstruo sin par.
De cabellera eléctrica, y cuerpo radiante.
Relicario de un corazón rebelde y desafiante.
El Dr. y su monstruo, prendados al verla,
pensaron sería una gran casadera.
La novia con gesto de enfado, al dúo miró
y con un grito de guerra su fuego explotó.
Con chispa en los ojos y risa traviesa,
al Monstruo dejó con nueva tristeza.
La novia escapó mientras el fuego devoraba
El lúgubre taller donde fue ensamblada.
Su espíritu libre en la noche retumba,
¡la Novia del monstruo nunca se derrumba!
Cuando la novia se mete a bañar,
el agua se enciende al contacto fatal;
su cuerpo desnudo todo lo encrespa
y chispas que saltan forman una gresca.
Los cables cercanos se hinchan y estallan,
la luz que se apaga y todo se nubla;
vecinos a oscuras gritan y se quejan
El barrio murmura sabiendo que es ella.
Las burbujas danzan en torno a su ser,
el vapor embelesado no quiere ascender;
su brillo, otra luna, que al verla estremece,
cuando todo está oscuro ella más florece.
La novia disfruta su rito privado,
sin importar el caos que ha desatado;
pues bajo las aguas queda dibujado,
un destello lascivo, eterno pecado.


Con su mirada nocturna y ardiente,
la Novia sueña una vida insolente:
«Si todos piensan cosas tan extrañas,
¿por qué me condenan con tanta saña?»
Su cuerpo ensamblado, curva provocante,
baila desnuda bajo una luna radiante.
«¿Será tan normal buscar el placer?
¿O anida el pecado profundo en mi ser?»
La lluvia cae, eléctrica y loca,
acaricia su pelo, sus muslos, su boca.
«¿Moriré otra vez si me electrocuto?
¡Intenso destello de solo un minuto!»
El pueblo grita: «¡Es una herejía!»
Ella se encoge: «¡Vaya tontería!»
«Si la belleza es pecado mortal,
prefiero arder sin vuestra moral.»




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