Fotógrafa y amiga íntima de Rosalba Rosso.
Publicado en la revista Cinema Italiano, junio de 1998
Pregunta: Vittoria, fuiste una de las pocas personas que capturó a Rosalba Rosso fuera del personaje. ¿Cómo comenzó esa amistad?
Vittoria De Santis: (Ríe mientras enciende un cigarrillo) Ah, fue en 1957, en un set de filmación en Nápoles. Yo era una asistente tímida que cargaba trípodes, y ella, una joven actriz secundaria que se coló en mi improvisado estudio para calentarse las manos. Hablaba en ese dialecto pugliese tan dulce que casi no la entendí, pero me preguntó si quería fotografiarla «sin maquillaje de puta barata», como dijo. (Imita el acento de Rosalba) «Vittò, famme sembrà na donna vera, no na cartolina!» («¡Hazme parecer una mujer real, no una postal!»). Esa fue la primera de miles de fotos.

P: ¿Por qué creés que Rosalba eligió Argentina para retirarse?
VDS: (Exhala humo lentamente) Porque Italia ya no le debía nada, ni ella a Italia. Había hecho todo lo que quería: actuar, dirigir, escupirle al sistema a la cara ¡Ella llenó las salas de cine de toda Europa y América durante dos décadas! «Vittò, me fui de Puglia con un vestido prestado y regresé con un nombre», me dijo una vez. Pero Argentina… (sonríe) Ahí nadie la juzgaba. Podía pasear por las calles de Puerto Madryn sin que le pidieran autógrafos o la señalaran por los viejos escándalos.

P: Se comenta entre las personas que trabajaron con ella de los cuadernos que siempre llevaba ¿Qué nos podés decir de eso? Esos cuadernos eran su obsesión, ¿no?
VDS: (Asiente) Los llenaba con ideas para guiones, notas técnicas, dibujos de planos… Hasta los usaba para apuntar cómo la luz entraba por una ventana en un bar de Trastevere. «Esto lo usaré cuando dirija», decía. Y lo increíble es que ya sabía que lo haría, incluso cuando solo era «la bonita» de las comedias. (Imita su voz grave) «El cine es esto, Vittoria: paciencia y determinación».
P: Hubo un momento especialmente doloroso para ella, ¿verdad? Las fotos de su época como modelo…
VDS: (Aprieta los puños) Maldito Il Giornale… En 1961, publicaron esas imágenes de cuando tenía 19 años, posando para pagar su tren a Roma. Rosalba lloró por semanas. No por vergüenza, ¡jamás!, sino porque las usaron para decir que «su éxito se debía a favores sexuales». (Golpea la mesa) ¡Esa era la Italia hipócrita que odiaba! Ella misma quemó las copias originales en mi jardín. «El fuego purifica, Vittò», dijo. Pero esa cicatriz nunca cerró.
P: Aún así, siguió adelante.
VDS: Como un toro. (Ríe) Al día siguiente del escándalo, llegó al set de Il Cervello Malvagio con un vestido rojo escandaloso y un ejemplar del Manifiesto Comunista bajo el brazo. «Si quieren fuego, les daré un infierno», gritó. Y vaya si lo hizo. (Se queda callada un momento) Pero… (susurra) en privado, me confesó que por las noches revisaba obsesivamente los periódicos, buscando más ataques.
P: ¿Qué dirías que fue lo más admirable de ella?
VDS: Su terquedad. (Se quita los lentes para limpiarlos) Cuando los estudios le prohibieron dirigir Il Sogno Sanguinario, hipotecó su casa en Positano para financiarla. «Prefiero comer arroz en el suelo que pedir permiso», escupía. (Mira hacia la ventana) Y esos cuadernos… los hojeaba como si fueran la Biblia. Incluso en Argentina, me mandaba páginas llenas de ideas para películas que nunca filmaría. «Para la próxima vida», escribió en la última carta que recibí.
Pregunta: Vittoria, se rumorea que guardás más de 2000 fotos inéditas de Rosalba. Incluso que te ofrecieron fortunas por ellas. ¿Es cierto?
Vittoria De Santis: (Silencio largo. Fuma con calma antes de responder) Sí. Desde Playboy hasta el MoMA de Nueva York. Hace dos años, un coleccionista japonés me dejó un cheque en blanco en la mesa de mi cocina. (Rompe el papel imaginario con los dedos) Lo usé para prender el horno donde Rosalba y yo asábamos berenjenas en los 60.


P: ¿Por qué negarse? Serían un tesoro histórico…
VDS: (Se levanta y camina hacia una caja fuerte en la pared) Estas fotos no son historia. Son Rosalba comiendo spaghetti a las 4 AM, borracha de vino barato. Son ella llorando cuando le negaron el David di Donatello por segunda vez. (Abre la caja y saca una foto desgastada) Mira esta: está en mi cocina, con el pelo teñido de rubio por error, riéndose como una niña. ¿Qué tiene que ver eso con el arte?
P: Pero el público—
VDS: (Corta abruptamente) El público ya tuvo su Rosalba. Las películas, los escándalos, las portadas. Esto… estas somos nosotras creciendo, viviendo. Nada más. Ella me entregó las fotos antes de irse a Argentina. «Guárdalas, yo tengo mis diarios y mis notas», me dijo. Y así será.
P: ¿Nunca vas a publicar nada?
VDS: (Cierra la caja fuerte con un golpe seco) Solo lo que ella hubiera aprobado. Las 12 fotos de Turín son suficientes. (Mira al periodista fijamente) El resto se queda aquí. Conmigo. Hasta que muera. (Sonríe con picardía) Y después… bueno, dejé instrucciones para quemarlas. Rosalba adoraba el drama.
DIVA EN ROJO
Conocé la vida de Rosalba Rosso a través de su filmografía. Estrella del cine italiano a lo largo de tres décadas. Recorré la trayectoria de esta figura icónica del cine internacional, desde sus inicios en el mundo del modelaje hasta su consagración como directora y guionista de clásicos del fantaterror europeo.




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